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Una cicatriz difícil de curar

Los impagos nunca son del agrado de nadie.

En propia carne dejan una cicatriz difícil de curar.

Aún terminando a buenas, la relación cliente proveedor se resiente.

Un impago puede deberse a muchas circunstancias.

Incluso puede ser culpa de la parte contratante.

Lo cierto es que nunca dudo de la buena fe de nadie.

En mi caso, hoy se hizo justicia.

Un impago finalmente dejó de serlo y me siento aliviado de por fin cobrar lo justo y merecido.

Aunque me sabe mal por el tiempo perdido y los recursos innecesarios desperdiciados.

No fue mi culpa ni la suya.

¡Una lástima!

Querido lector,

¿has sufrido un impago alguna vez?

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