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Las 11.46

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Las 11.46 es la hora que luce en el reloj de pared de mi comedor.

Se terminó la pila hace varias semanas y por el momento nadie ha pensado en cambiarla.

No es por desidía ni por dejadez.

Estamos tan ocupados que simplemente nos importa poco.

Los primeros días mirábamos de reojo como un acto reflejo aún sabiendo que estaba parado.

Ahora es un simple elemento más de decoración.

Igual que los libros del salón.

Igual que algunas de las hojas con anotaciones sobre la mesa de mi escritorio.

O algunas de las carpetas en la bandeja de inicio de mi ordenador.

¿cuántas cosas tienes que no necesitas?

Una vez mi pareja me contó que un día su jefe llegó a su despacho y sin ningún miramiento tiró absolutamente todo lo que tenía sobre su mesa a la basura.

Libretas, papeles, carpesanos… todo.

Ante la mirada atónita de mi pareja se justificó de la siguiente manera:

– Si no lo he necesitado en un año dudo que lo necesite en el próximo.

A continuación siguió trabajando como si nada.

Diógenes de la información

Todo lo anterior me hace pensar que todavía guardo  apuntes de bachillerato y de la universidad.

Así como memorias externas con apuntes digitales de muchos otros cursos en los que he sido alumno.

También mucha música. Y películas.

A decir verdad es más una cuestión sentimental que práctica.

De necesitar recuperar los conocimientos dudo que fuera capaz sin un esfuerzo considerable.

Además que puedo encontrarlo todo en la red.

En realidad, podría hacer como el jefe de mi pareja y no pasaría nada.

Querido lector,

Imagina que tu ordenador o tu teléfono se formatea de golpe.

¿es tan grave?

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