Últimamente estoy recibiendo un alud de newsletters de empresas saludadas o desconocidas. ¿Puede que tú también?
Personalmente sigo leyendo las mismas de siempre y las otras las desecho inmediatamente si no reconozco el remitente.
No tengo nada contra estas empresas salvo que la gran mayoría comunica lo mismo que un niño con una galleta en la boca.
Más o menos todas funcionan igual:
Pensamos en ti.
Nos preocupamos por ti.
Todo volverá a ser igual.
Y por este motivo puedes llamarnos al xxx xx xxx.
¿Si no hay nada que me pueda interesar para qué me envías un email? Probablemente no pensaba en ti y ahora no voy a cambiar de opinión.
La frecuencia es muy importante
Tampoco seamos injustos.
El mismo mensaje dicho por una empresa que habitualmente se comunica conmigo sea por el canal que sea es muy distinto. Es perdonable e incluso simpático.
Por otro lado, imagina ahora que tienes un ataque de amor y escribes a tu ex a las tantas de la noche.
¿La respuesta que vas a obtener es obvia verdad?
Con las newsletters sucede lo mismo.
Si dices algo, que sea de interés
Imagina ahora alguien que te reclama para luego no decirte nada.
La primera vez te hará caso.
La segunda puede que te conceda una segunda oportunidad.
Las consecutivas… irás directo a la papelera.
Cada mensaje, sea por el canal que sea, es una bala que no se puede desperdiciar.
¡Si vas a compartir algo con tus clientes potenciales asegúrate que les pueda interesar!
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Querido lector,
Vivimos tiempos difíciles en los que la necesidad aprieta.
Saltarte la RGPD (LOPD) no te hará vender más. Busca otras estrategias.
Si te ha gustado este contenido te animo a leerme mañana, como cada día, en https://francescricart.com/blog


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