Como hace prácticamente todos los días, Paloma vino a saludar a sus dos hijos que ahora estaban a cargo del negocio que ella y su marido iniciaron muchos años atrás.
Hace varios años que está jubilada, aún así no puede evitar ayudar proactivamente.
Lo mismo su marido. Se encarga de pequeñas tareas de mantenimiento como cambiar una bombilla, arreglar una mesa coja…
Pues bien, el otro día estaba en la pausa con mis alumnos y cuál fue mi sorpresa cuando se acercó con una escoba e indignada barrió todas las colillas que los ávidos fumadores habían lanzado al suelo.
No pude evitar sentir toda mi simpatía por Paloma.
Después de todo ella ha sido empresaria y sigue sintiendo suya la empresa. Como si de uno más de sus hijos se tratara.
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Querido lector,
¿Alguna vez gas entrado en un negocio y has visto evidente la diferencia entre el propietario y el encargado?
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