Gastar. Gastar. Gastar.
La Navidad es la fiesta consumista por excelencia. Nos olvidamos del Black Friday y una vez más se despierta un fervor por comprar.
Sucede en especial cuando en la casa hay pequeños. Papá Nöel, El tío y los Reyes. En algunos casos cada celebración multiplicada por dos o incluso por más hogares.
Estas fiestas he podido observar un fenómeno muy curioso en mi hijo mayor. Y no es el del engorde repentino … Soy yo quién ha ganado unos Kg de más y quizás tu también.
El caso es que este año es el primero que tiene consciencia de las fiestas y de los regalos.
Recuerdo la cara de ilusión de mi hijo cuando abrió su primer regalo de estas navidades. Quiso abrirlo poco a poco, abrir el paquete y sentarse a jugar.
¿Lo normal en un niño de 2 años y medio verdad?
Los mayores le dijimos con dulzura:
– Oye ***, ¿te parece si lo abrimos y jugamos después?
A lo que él sorprendido levantó la mirada y dejó el juguete en un lado.
Con el siguiente paquete fue más rápido. Con el tercero todavía más. Hasta que llegó un momento que la excitación era tal que sólo quería quitar embalajes de paquetes.
– ¡Más juguetes, quiero más juguetes!¡Hola!
Querido lector,
Todos los adultos sabemos que los regalos en exceso no son buenos. Sin embargo, ¿por qué nos empeñamos en gastar y gastar?
Lo mismo es equivalente cuando trabajas para tus clientes, alumnos,…
Nos esforzamos en agradar. Sin embargo llega un momento que hay que saber poner límites.
¡Si te ha gustado este contenido te animo a seguirme en mi perfil de empresa de Linkedin!


Deja una respuesta