Mi hijo salió emocionado del colegio con una inscripción para el cross que iba a tener lugar en un par de semanas.
Al momento le dije que si. Yo también había corrido de pequeño y guardo grandes recuerdos.
¡Me hacía más ilusión a mi que a él!
Durante estas dos semanas hemos jugado al preparados, listo, ya e incluso le he insistido en que si se caía podía levantarse y seguir corriendo.
Hoy ha sido el gran día de la carrera.
¿El resultado?
Cuando ha visto todo el montaje del circuito, niños arriba y abajo calentando y ha sentido los primeros nervios ha decidido que no quería correr.
¡Qué le vamos a hacer, ya habrá otras ocasiones!
Pánico escénico
Mi hijo se imaginaba la típica carrera del patio del colegio. No un cross.
Por otro lado quizás le he dejado entrever que para mi era importante. Quizá se ha sentido presionado.
Finalmente prefiere no hacer algo antes que fallar.
La suma de todo era obvia pero yo no lo he sabido leer.
¿Cómo lo hemos solucionado?
Terminada la carrera me he acercado a la meta con el dorsal de mi hijo y he explicado que no había podido participar pero ñes estaría agradecido si me podían dar una medalla.
Por la tarde hemos ido al parque y hemos corrido nuestra propia carrera.
Nunca le había visto correr tanto y tan rápido.
Al terminar le he puesto la medalla y su cara era una pura sonrisa.
¿Qué he aprendido?
Presionar es contraproducente. Nunca se puede predecir como reaccionarán ĺas perdonas.
Todo tiene un ciclo natural que se debe respetar.
Lo mismo que para la creatividad.
Cuando alguien te presiona en exceso por un plazo determinado la calidad se resiente.
—
Querido lector,
Recientemente me ha sucedido algo parecido por un escrito que se me ha atragantado y no hay manera.
¿pánico escénico?
Necesitaré dejarlo para otro momento.
Si te ha gustado este contenido te espero mañana, como siempre, con un nuevo escrito en https://francescricart.com/blog


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