Me marché unos días de vacaciones y la desconexión fue tan grande que me olvidé de mi querido huerto.
Incluso alargamos un par de días de más y caí en la cuenta de que el sistema de riego por gravedad que había preparado se habría quedado insuficiente para tantos días.
Así que contacté con un vecino para que me hiciera el favor.
Pero no había previsto que iría con su hija hambrienta. Su pequeña se pegó un hartón de tomates cherry y me dejó prácticamente sin.
Al día siguiente de llegar me lo explicó y le di las gracias y una cálida sonrisa.
– ¿no te has enfadado? – me interpeló.
– ¡al contrario, de no haberme ayudado ahora no me quedaría nada ni a ti ni a mí!
Cuando prestas servicios en ocasiones pasa algo similar.
Prescindes de tu margen para encomendar una tarea a un tercero.
Puede ser por muchas razones.
El caso es que salvan tu relación con tú cliente.
En mi ejemplo mi huerto.
—
Querido lector,
¿qué coste estás dispuesto a asumir con tal de delegar una tarea que no llegas a tiempo de hacer?
Un buen ejemplo puede ser el mantenimiento de tu sitio web.
Si te ha gustado este contenido te animo a leerme mañana, como cada día, en https://francescricart.com/blog.

Deja una respuesta